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Mientras se come el ramen, el agua salada de los fideos diluye gradualmente el caldo. Pueden comprobarlo ustedes mismos. Primero, viertan un poco del caldo en un recipiente aparte. Terminen de comer los fideos en el plato original y luego prueben el caldo que reservaron: la diferencia de sabor les sorprenderá. La armonía creada por un plato de ramen va más allá del sabor. El sonido al succionar los fideos crea una especie de dueto con la música clásica que suena de fondo. El placer de comer ramen es ilimitado: "mugen".
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