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Después de un par de años cerrado, este famoso restaurante volvió a abrir sus puertas en la misma dirección, y los antiguos clientes regresaron con entusiasmo para disfrutar de sus platos clásicos que tanto extrañaban. El local es sencillo y discreto, sin adornos llamativos que distraigan la atención de la comida, y la amable propietaria siempre ofrece las mejores recomendaciones. A pesar de tener más de 60 años, ella sigue seleccionando personalmente los ingredientes más frescos en el mercado cada día. Prueben los camarones de río rebozados y los caracoles rellenos, ambos elaborados con esmero.
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