
Sobre el restaurante
Aquellos que no están acostumbrados al mar y desean probar algo de la vida marina pueden encontrar este establecimiento en el barrio de Castro, donde largas filas de comensales esperan ansiosamente para entrar. El espacio es pequeño y sencillo, pero lleno de encanto tradicional, lo que lo hace ideal para parejas, aunque grupos más grandes pueden encontrar sitio en la terraza exterior. La carta puede ser corta, pero está repleta de mariscos frescos y sostenibles. Las abundantes tortitas de cangrejo, servidas con salsa tártara, son excelentes, al igual que una ensalada César con un aderezo agridulce de anchoas, coronada con camarones jugosos, o una taza de cremosa sopa de almejas estilo Boston, repleta de almejas y patatas. Como sugiere el nombre, las ostras crudas son una especialidad: tan saladas que la salsa mignonette que las acompaña podría no ser necesaria. Y, por supuesto, el cippino es imprescindible; este plato estrella alcanza su máximo esplendor cuando se sirve con pan de ajo delicioso y mantecoso.
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