Sobre el restaurante
El encanto de este auténtico molino de agua, cuya maquinaria es visible en su interior, se complementa con un elegante "granero" moderno, cuyas enormes ventanas ofrecen vistas impresionantes del paisaje circundante. Además de una tranquila terraza, el establecimiento cuenta con cuatro habitaciones de lujo para prolongar la velada con estilo. Este perfil muy distintivo se refleja en la fusión culinaria de lo antiguo y lo nuevo, que también se aprecia en los platos. Los estilos de "papá", Bert y Giel, su hijo, se han fusionado y están ganando fuerza. Platos familiares como el faisán en salsa de coñac y el postre "dame blanche" (con helado de vainilla preparado al momento) siguen siendo elementos fijos del menú, con técnicas tradicionales y una generosidad característica. Sin embargo, la generación más joven está aportando un toque distintivo de modernidad a la presentación y, mediante detalles sutiles que resaltan y enfatizan los sabores contrastantes, sin perder la delicadeza o la generosidad propias de Slagmolen. Algunos ejemplos incluyen unos ravioles al plin rellenos de mascarpone aterciopelado, hierbas frescas y ralladura de limón, acompañados de centolla roja, una salsa "vin jaune" y un coulis asombroso de remolacha y espinacas: ¡una delicia! Las porciones a la carta son aún más generosas que las de los menús fijos, lo cual es un paraíso para los amantes de la buena comida con buen apetito.
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